Te sientes relativamente solo, te cuesta mirar el cielo, te cuesta mirar lejos, pensar. ¿Pensar? Te dijeron que todo está perdido. Nada que hacer. ¿No cuestionarás? Llevas días caminando, sin analizar lo que hay a tu alrededor. Las hojas caen de los árboles nuevamente, crujen con tu avanzar, el frío provoca vaho de tu aliento al hablar, respirar te congela hasta las venas. ¿Y aún así quieres despertar? Se que has estado buscando, lo que nadie ha podido encontrar, te andas buscando. Pero te enredas en laberintos donde nadie te puede sacar. Deja de caer en ti, deja de angustiarte. No tienes fin. Tus pasos se esfuman en un tiempo que no avanza. Tu existencia se prolonga en el tiempo que no avanza. Tu absurda vida continúa en este tiempo que no avanza, y no hay solución. Caeremos. Rodaremos en los recuerdos de tu vida mejor, reiremos de tu conciencia inconsciente, lo que fuiste. Dejamos de ser. ¿Cuál es el temor? Lo peor que podría pasar es despertar. Despertar y gritar en este mundo al cual ya no perteneces, producto de tu constante errar entre sueños y realidad, ¿cuál es la verdad? Sufres por ser híbrido, sufres por algo elegiste. Vive y concéntrate sólo en esto, la vida es tu presente, sin metas, sin sueños, sólo tú.
Hoy el alba no despunta, ni lo hará. Elegiste la noche para tu eternidad. Nadie volverá a cruzar tu camino, destrozarías lo que fuera para poder escapar, la tristeza ya te cegó. Nada que hacer. ¡Grita! Nadie te va a escuchar. Vive en la noche, lleno de escalofríos, la noche que elegiste. Nada que romper. Corre lo más rápido que puedas, trata de encontrar tu sonrisa, en algún lugar debe estar. Corre lo más rápido que puedas, te vas a encontrar. Los trozos de tu alma, que algún día rompiste, ¿dónde están? Sientes como poco a poco tu cuerpo se va cortando, se va desparramando. Estas perdido, y creando el ritual más antiguo. Separando tu cuerpo de tu mente. Lo que te fue asignado, de lo que elegiste. Te sientes fatigado, y de pronto, dejas de respirar. Escuchas todo, en la tregua que tu cuerpo se ha tomado. Revienta todo en un segundo, todo lo que conocemos. Tu corazón dejó de latir. Ahora deja de sufrir. Descubre que el maravilloso mundo que te conté nunca existió. Trata de rescatar por última vez los hermosos colores de paisajes que una vez construí para ti, roza con todos tus poros el frío de la madrugada, busca en ti los mejores recuerdos de tu infancia. Cánsate ahora por todo lo que caminaste. Llora para ahogar todas las risas que me diste. Elige lo que quieras, escóndete dónde sea. Ódiame y aún así entérate de que en el último de tus suspiros te regalo sólo una salida: duérmete en mis brazos y te aseguro que no volverás a despertar.
28 diciembre, 2010
Cuento corto-
Busco en cada rincón algún recuerdo, voy sintiendo tu olor a cada momento. Las micros avanzan rápido, ya no te encuentro. Y pienso, cuántos han extrañado en estas calles, quizás han extrañado más que yo, quizás han llorado por un viejo amor. Quiero volver a sentir tu olor desde mi ventana, en esa casa que hoy me parece lejana. Estoy atrapado en el remordimiento, ya nada puede hacer que me sienta contento. Estoy perdido y solo en el callejón, esperando que me caiga del cielo, algún día, una solución.
Para Marina.
Cada día más grande la semilla, y cada vez más rojos los tomates. Y corriendo con los compañeros me pierdo en este huerto, ensuciando los zapatos en todos los recreos. Seguro que el tío Iván es un excelente jardinero. El sol de primavera es la cosecha, el frío del invierno, un retroceso. Cómo extraño esos tomates, aquel rojo brillante se instaló en mi cerebro. Las risas de nosotros, niños preocupados del ambiente, y ahora cada vez este mundo es más decadente. El estruendo del timbre me despierta y corro al patio buscando el huerto, ¿dónde están los bellos recuerdos? Cachureos.
LA REINA
Como el perro que rasguña desesperado la puerta de su amo o el perro que ladra y ladra, e incluso resiste la lluvia en espera de “algo”. Con ese sentimiento llamas a mi teléfono. Y contesto. Y mi voz de completa borracha balbucea que ya no jodas. Las piernas se doblan, ellas se manejan solas, se descontrolan tratando de caminar por una línea “recta”. Y de nuevo el teléfono. Me exiges lo que a las chicas como yo, de ninguna forma se les exige. Y de nuevo: ¡YA NO JODAS! Que voy de vuelta al bar, los muchachos esperan. Le pido a la Tita otra piscola. Que los muchachos ya me van a coronar.
♠ ♠ ♠ ♠
Besos nerviosos, empapados de rabia,
La ira me contagia y la labia se desgasta.
Besos húmedos, empapados de sangre,
Los celos me atan, me estrangula una cuerda,
Pierdo la vereda.
Mi realidad conmocionada.
Mi realidad trastornada.
Por besarte de una vez, por besarte otra vez,
Y otra vez.
Las manos entrelazadas,
Las espinas clavadas.
Las vueltas de la vida,
Me devuelven a tu cama.
Por abrazarte de una vez, por abrazarte otra vez,
Abrazarte la última vez.
Quemé las esperanzas,
Las tiré contra la pared.
Reventé todas mis neuronas el día que te recordé.
Que nadie huela la tierra en mis rodillas,
Que nadie vea a la legua mi frustración.
Que nadie sepa que se me perdió el corazón.
♠ ♠ ♠ ♠
..
No. Precisamente no quiero escribir un poema de amor. Aunque llene la calle de colillas, de cigarros que me fumo en tu honor, no quiero escribirte de nuevo un poema de amor. No quiero mirar reflejos buscando tu recuerdo, no quiero escribir esto pensando que te quiero. No quiero que se me nuble la vista cuando te pienso, no quiero perder el aliento cuando despierto de tus sueños. No quiero verte en el cenicero, no quiero tu calor, tu olor, tu color, tu canción. No quiero tus manos, tu cuerpo, tu risa… tu amor. No quiero publicar la mierda que me siento cuando me ahogo con recuerdos. Todo este tiempo he guardado un secreto, todo el tiempo he llevado este peso. Y cada vez que viajo lo tiro al mar pa que choque en las rocas y lo hagan estallar. Y no quiero, ¡no quiero! Que ni en la espuma vuelva a la orilla, no quiero ni en pesadillas volver a recordar. No quiero dormir de nuevo, no quiero, porque sé que tengo que volver a despertar. Quiero virarme bien lejos, quiero fumarme un cigarro y dejar de pensar. Quiero escaparme en el humo de esta ciudad. El secreto es que quiero volverme fría como el metal.
Martes 20: no te cases ni te embarques
Corro, corro rapidito, como esos sueños que tengo de ciudad en ciudad. Corro, con pasos cortitos y cuidadosos, para ver bien donde piso. Corro y hablo en chiquitito. Arranco y arrastro estas letras, que ahora son lo único que tengo, esto que denomino mío, y que en realidad no es nada, si estas letras me ataron, hoy me dejan ser. Si fui yo la que las secuestré lamentablemente ese daño me hizo un bien. ¿Y si arranco al campo a sentir la brisa de un mar lejano? ¿Y si arranco al mar a sentir la nieve entre mis dedos? ¿Y si arranco el suelo a ver si vuelo? Mejor busco al que se piensa dueño de esta tierra, y si es "tan" dueño lo entierro, para que entre en conexión con su terreno. Esta argolla asfixia mi cuello y pienso que junto a ese dueño, de seguro entierro los recuerdos de un amor que nació seco. Podrida.
Podrida ahora y desde nunca, no le hablen de tristes cosas a esta niña, que si fuera por ella correría y se tiraría por la alcantarilla. Sin sentido, sin sentidos desde que no estás, sin sentidos desde que sé que para nunca-siempre no volverás. ¿Volverás?
Volverás, cuando esté apestada de tanta enfermedad, cuando esté apestada de tanto odiar, cuando esté bajo varios pies de tierra, creo que volverás. Después de ver por mil años tu cara en cada pared, y tratar de reírme de esta estupidez. Cuando de tanto escribir me seque como un libro, y se me cierren los ojos con los que extraño mirarte, y se me gasten los dedos con los que deseo tocarte. Cuando la última lágrima corra lentamente por mi garganta. Creo, que te volveré a ver.
Ansiosa, extraña... Perdida. Perdida, y lo alargaría, pero yo sé que con esto no muestro nada, si por más que me angustie, tu cara ya está congelada. Tú solo y yo sola. Abandonada, buscándote, tratando de olerte, tratando de escucharte. Escuchar esas palabras que están escondidas, mohosas, roídas por todos los ratones que acunan mis recuerdos. Ahogada con las bocinas de tu funeral. Perdidos, tú y yo perdidos, y solos, más solos que ningún vagabundo en toda la vida.
Seguro tú yo teníamos el mismo fin.
(Sin nombre)
No digas que no hiciste, porque yo no te conocía y un día… apareciste. Yo no pensaba en más que tomar, yo no pensaba en nada, sólo en bacilar. Yo pensaba que nadie se subiría a mi cabeza, yo pensaba sólo en la cerveza. Y un día cuando tú me odiabas yo te vi, y un día cuando me odiabas te descubrí. Así que no digas que no hiciste nada porque ya no dejo de pensar en tus dedos en la guitarra. Yo no te conocía y de un día para otro, tú apareciste.
LA CARTA
En honor a tu demencia, a la mía, en fin, a nuestra locura, he querido escribir en resumen nuestra historia, quizás un análisis frío, en este momento, mi último momento.
Conocerte ciertamente fue un agrado, una tarde de húmedo verano, un rojo atardecer y suena cursi, pero te veías dorado. Y al evocar ese cuadro, me enamoro de nuevo pero es sólo un recuerdo. Cómo cambian las cosas, ¡cómo cambian las personas! Si fue ayer cuando recorríamos los parques, las piletas, las bancas de cada plaza que hicimos nuestras, como dos tradicionales enamorados. Pero más que todo, hubo algo en ti que me cautivó, algo que me secuestró, fue eso mismo lo que me desmoronó.
No hay motivos, no hay causas, no hay razones ni argumentos que pueda decir para explicar lo que ya pasó. Me hiciste inmensamente feliz, y me hiciste lentamente desaparecer, me escondí en tu sombra ruin, me vestiste con desdicha y me llené de desamor. Y como todos saben una mujer y un desamor no son, para nada una buena pareja, súmenle a esto el rencor de la traición. Y digo traición no en la forma convencional de un hecho concreto, digo traición porque me desconectaste de ti, me alejaste, sin aviso. Dejaste de estar para mí, cuando ya te habías hecho completamente necesario. Esto fue algo que, ¿me explico? No pude soportar.
Así transcurrieron los días, pasé de la felicidad a la soledad, ¿dónde quedó el amor? Durante el último he intentado quemar recuerdos, olvidar los momentos, ¡si supieras todo lo que he intentado! Si supieras cuántas cosas en mi han cambiado, pero ya no podía vivir con el rencor. No quería odiarte, no quería ensuciar los bellos recuerdos de nuestro amor, te prometo que no quería.
Me besabas y no me hablabas, me tocabas y no me mirabas, pero aún insistías en decirme que me amabas, eso era definitivamente lo que más me torturaba, lo que me desenfocaba, lo que me desquiciaba. Y de a poco, comencé a mirar cada detalle de tu cuerpo, cada debilidad, te miraba e imaginaba mi mano con un puñal. Te miraba y aunque te amaba prefería no verte nunca más.
A pesar de tener una idea general de tu final, no sabía el momento exacto en que me iba a condenar. Pero fue una mañana, después de la última noche apasionada, cuando luego de vestirme decidí que era la ocasión de terminar con mi desilusión, fui a la cocina, fui sin conciencia, caminé como un zombie a buscar mi puñal. Y volver a la cama, y saber que te amé, y que fuimos felices y compartimos un amor. Pero… ¡No, no, no! ¡Yo tenía que pensar en mí! Yo ya no podía vivir, ¿acaso hay alguien que entienda mi situación?
Tu cuerpo blando sobre la cama, las sábanas blancas envolvían tu torso desnudo, y yo de pie junto a la puerta, ideando lo más macabro, lo más bajo. Pero estaba decidido, tenía que matarte, eras tú o yo. Camine lentamente, por dentro me devoraba la desesperación, quería hacerlo rápido, deseaba ¡ya! Terminar con esto. Y miré tu pecho y enterré el puñal. Se agitó tu respiración y me miraste fijamente sin entender. Cuando la sangre comenzó a correr, lo que dije fue: “Yo te amaba… mi amor”. Pero ya no tenía compasión, se con certeza que en ese momento mi corazón se endureció. Dejé tu cuerpo desangrándose entre las almohadas, ¿tanta sangre hay dentro de un solo cuerpo, dios mío? Me senté a escribir esta carta, de vez en cuando te miraba, inocentemente pensaba que respirabas, inocentemente te amé e inocentemente yo te maté. Y a medida que lo escribo lo veo más claro, éramos el uno para el otro, éramos uno los dos, y ahora que estás muerto, ahora vengo yo. No ha pasado más de una hora, pero necesito oír tu voz, necesito sentir tu respiración. Lo sé, no hay vuelta atrás, mis venas voy a cortar. Y mientras me tomo el último vaso de vino, como dice la canción. Tengo que sellar este sobre, tengo que sellar este amor. Un par de líneas arriba me pregunto ¿dónde quedó el amor? Ahora sé que este amor me lo llevo al cajón.
Y qué.
Y qué si mi vida es tan estúpida como un mono con los labios pintados, hablando en inglés, corriendo en la calle y pidiendo un cigarro.Y qué si mi vida es un estado constante de melancolía, de recuerdos, de añoranzas! Si vivo extrañando!Y qué si no encuentro a alguien que reemplace todo lo que ni yo sé que necesito!Y qué si no quiero crecer, no quiero querer y no quiero creer...Y qué si un día ya no despierto, si tan sólo duermo..Que cuando sueño contigo ahí si que ya no despierto, que me pierdo en el sueño, que no respiro y que no me devuelvo. Que cuando te veo se me olvidan las palabras, que mi mente se traba. Que necesito verte, pero no te imaginas cómo. Que las ideas inconexas se apoderan de mi cabeza, que eres culpable, que te desprecio, te necesito y no te quiero, que no se lo que pienso, que me río, que me corto, que me duermo, que me despiertas con ese abrazo imaginario que ya no quiero, que te ries y me río y me duermo, que te pego y me río y me duermo. Que te hablo. me río y me duermo y siempre me duermo y no despierto. Esto no tiene sentido. Y vuelvo a ver el mono con los labios pintados, hablando en inglés, corriendo en la calle y pidiendo un cigarro. Y me duermo.
Dije muchas veces sí
Si mi mente escapara
Si mi mano se doblara
Y mi cuerpo resbalara
Mi corazón se desangrara…
Si mis ojos te velaran
Y mis rodillas te tocaran
Si mi cabello se enredara
Si sólo mi espalda no se enfriara.
Si la noche te acunara
Cuando la vida me desgarra
Y mis lágrimas se arrastraran
A mi boca amarga y desquiciada.
Si mi nariz no te sintiera
Y mi tronco se volviera
Si mis pies se detuvieran
¿Es que esta vida no se supera?
Si mis piernas te amarraran
Si tu verbo no me odiara
Y tus ojos me miraran
Si sólo tu boca me extrañara.
Si todo esto pasara
Y yo a la muerte me resignara
Por tu muerte pagaría
Monedas a un alma pagana yo daría.
Si mis dientes te mordieran
Si mi piel te retorciera
Si tus suspiros se me olvidaran
Si tus brazos no me torturaran.
Si las letras se acabaran
La tinta se secara
Si el lápiz reventara
¡Si tú no te largaras!
Si esto fuera un sueño
Nada más que un simple desvelo
Quisiera verte despierto
Riendo en mi cara de mi desconsuelo.
Si mi odio fuera extremo
El puñal sería directo
Pero como en mi vida no podría
Monedas a un alma pagana yo daría.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
